Fíjate... ¡qué contradicciones!

Fíjate... ¡qué contradicciones!
Me dejé llevar por tí,
ganaste mi confianza,
me elevaste hasta el cielo posible,
y me dejaste caer
mientras, impasible,
me recordabas
que había que aceptar lo sucedido.

Pero entonces incurrí
en la enésima contradicción,
buscando consuelo
en quien me había llevado
a semejante error,
de pensar
que tus besos eran para mí,
que tus ojos sólo me miraban a mí.

Faltó la antropofagia.
Quizás el tiempo no te cambie,
o quizás
hayamos, cada uno por separado,
aprendido esta lección.

No es hora de reproches,
debería pronunciar
la frase que no olvida ni perdona,
ya que me sabe mal
que consigas todo lo que te propones,
y que encima
laves tu imagen
con supuestas transparencias
nada transparentes.

Verás que nadie es perfecto.
Tampoco soy yo el juez sumarísimo de esta causa.

Díme si hubo algo en lo que fueras sincera,
díme si tus ojos no mentían,
pues quisiera rescatar
el dulce rédito
de los que creyeron sentirse amados
para construir
alguna isla en la que puedas regresar,
no sin pedirte
que dejes la falsedad a un lado.

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