Si encadenas mi alma

Si encadenas mi alma,
no tires la llave del candado
al mar.

En tal caso, quisiera que volvieras
no ya tanto para salvarme,
pues de eso ya me encargo,
sino para visitarme
y abrir un paréntesis amable
en mi larga condena,
fruto de conmovedor presidio.

Si eres cárcel,
besaré los barrotes de la celda,
y en el lecho frío
de la madrugada,
volveré a nacer,
como criatura irredenta
que viniera a este mundo
sin haberlo llamado ni haber sido deseado.

Jugaré de visitante.
Como siempre, con las piezas negras, en el ejército oscuro,
y tú siguiendo el ejemplo de la historia interminable,
princesa tenebrosa,
me encadenarás
(variaciones mías : y te unirás a ese eslabón confeso si quieres y así lo deseas, faltaba decir)
para volver a la Nada
de donde los dos partimos alguna vez,
mágicamente.

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