Marte melancólico

El dios Marte, de Velázquez

Marthe que ces vieux murs ne peuvent pas s'approprier, fontaine où se mire ma monarchie solitaire
Marthe, René Char 

Como sacado del cuadro de Velázquez,
se ve la figura de Denis
iluminada por la sola luz rojiza del alba

que entra por los ventanales
oxidados
de una casa antígua del barrio de La Latina.

Su torso es musculoso
y tiene bien definida la silueta.

Sus ojos de una claridad aplastante
parecen del color del mar en los días
en los que en el mediterráneo
sopla el viento de Levante.

Pero todo en él es Poniente
y las gaviotas no vuelan más allá
de la orilla
cuando se forman
las marejadas de su lucha incansable.

Además de trabajar en la fábrica,
visita el centro cultural de su barrio,
y toma parte de los pequeños empoderamientos
de su clase, la trabajadora.

Pero hoy Denis toma el aspecto de ese Dios pintado por Velázquez.
Posee el rostro melancólico
traído por las circunstancias vitales,
por la deriva de sus barcos,
por sus tendencias y por una pena de amor.

De todas formas, la música que escucha en su tocadiscos,
se vuelve más rítmica,
y algo dentro de él comienza de nuevo a moverse.

Es una palabra, un gesto, una nueva ola de esperanza.
Marte volverá a resurgir,
como el Dios y a la amada a la que cantara otrora Char,
fuente donde se mira su monarquía solitaria.

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