Como el primer día
Como el primer día
en que te ví y en tus ojos
había el rastro de un brillo,
ulterior a tu sonrisa.
Ellos me contaban pequeñas historias
de ternura
que mis ojos
querían escuchar
y traducir
a un lenguaje en construcción
(común de los dos, tuyo y mío)
que espera tus aportaciones y está
todavía por nombrar.
Entonces vino una ilusión
muy grande, que todavía guardo
entre telas antíguas,
un catálogo
de luces del amanecer,
el susurro del agua
en las fuentes cercanas
y algún que otro buen presagio.
Tanta esperanza, consecuencia
directa, se mantiene intacta
en sus geografías,
en sus renuncias,
en sus proyectos que no
son pocos,
en su relieve,
en su arquitectura,
en su mínima militancia,
en las frases que se añaden
a una carta
en los días de lluvia, de tormenta,
de nieve o de granizo,
o en los soleados,
en los que la melancolía
nos ataca con su ejército desesperado.
en que te ví y en tus ojos
había el rastro de un brillo,
ulterior a tu sonrisa.
Ellos me contaban pequeñas historias
de ternura
que mis ojos
querían escuchar
y traducir
a un lenguaje en construcción
(común de los dos, tuyo y mío)
que espera tus aportaciones y está
todavía por nombrar.
Entonces vino una ilusión
muy grande, que todavía guardo
entre telas antíguas,
un catálogo
de luces del amanecer,
el susurro del agua
en las fuentes cercanas
y algún que otro buen presagio.
Tanta esperanza, consecuencia
directa, se mantiene intacta
en sus geografías,
en sus renuncias,
en sus proyectos que no
son pocos,
en su relieve,
en su arquitectura,
en su mínima militancia,
en las frases que se añaden
a una carta
en los días de lluvia, de tormenta,
de nieve o de granizo,
o en los soleados,
en los que la melancolía
nos ataca con su ejército desesperado.
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