Escena de ascensor

Escena de ascensor.
Entro en el edificio del centro de trabajo.
Veo que otras dos personas se precipitan en su
interior.
Pulso al botón que frena el cierre de las puertas.
Entran extrañados.
Les explico que los había visto
abrir la puerta y que quizás quieran subir también.
Se muestran sorprendidos. Con el dedo corazón,
pulsan el número de su planta. Ninguna palabra
parecida a gracias.
Alegan un sonido extraño en el vehículo que
arrancará lento, segundos
después, de la partida de la pareja
de extraños.
Testimonio de regalos no pedidos,
de generosidad no entendida,
sin necesidad de una contrapartida,
ni una contraprestación.
Expectativa nula con respecto
a gentes anónimas.
El precio de una sonrisa
no tiene asientos contables.

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