El Arquitecto del Triunfo
Volviendo a una lógica que se parece a Granada...
Para llegar a la plaza del Triunfo,
se puede subir una escalera
desde la calle Santa Bárbara.
Durante años, vivimos con la conciencia
de que allí vivía un gran señor,
ejemplar en su puesta en escena,
esforzado trabajador,
monumento al pater familias,
verbigracia de la cristiandad.
La Inmaculada Concepción
y Fray Leopoldo de Alpandeire
lo saludaban
cada amanecer.
Sexitano de adopción,
arquitecto municipal,
jugador de tenis sensacional,
fotógrafo de mi comunión
en el día de la Santísima Trinidad
en la iglesia de San Matías,
sin más compañeros
que los feligreses de la parroquia local.
Años después,
el mito se derriba.
Por los callejones del vino de la
ciudad malvada,
uno comprende.
En su estudio,
había un mundo paralelo y permanente.
En la lógica del confort,
en la maquinaria del show business local,
nada es lo que parece,
y válgame dios no le juzgo,
que usted se merece,
un pìso apartamento
como éste
pero con su amor de verdad.
Para llegar a la plaza del Triunfo,
se puede subir una escalera
desde la calle Santa Bárbara.
Durante años, vivimos con la conciencia
de que allí vivía un gran señor,
ejemplar en su puesta en escena,
esforzado trabajador,
monumento al pater familias,
verbigracia de la cristiandad.
La Inmaculada Concepción
y Fray Leopoldo de Alpandeire
lo saludaban
cada amanecer.
Sexitano de adopción,
arquitecto municipal,
jugador de tenis sensacional,
fotógrafo de mi comunión
en el día de la Santísima Trinidad
en la iglesia de San Matías,
sin más compañeros
que los feligreses de la parroquia local.
Años después,
el mito se derriba.
Por los callejones del vino de la
ciudad malvada,
uno comprende.
En su estudio,
había un mundo paralelo y permanente.
En la lógica del confort,
en la maquinaria del show business local,
nada es lo que parece,
y válgame dios no le juzgo,
que usted se merece,
un pìso apartamento
como éste
pero con su amor de verdad.
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