Cuando no sé qué escribir
Cuando no sé qué escribir,
pues no lo hago y basta.
Pero, de pronto, una palabra viene revoloteando como
mariposa primaveral y se posa
en mi mano. Acto seguido,
asciende correteando por los dedos hasta
el lápiz y
comienzan los versos
a juntarse
como
hilos que cosieran una humilde tela.
Si se me acaban las ideas,
te imagino en fotos antíguas,
en color sepia o blanco y negro,
y me digo que, una vez más,
te estoy idolatrando y
que no me canso de describir
tu infinita elegancia.
Añado
que este ejercicio de ensoñación,
esta elaboración recurrente,
se parece a un presagio,
y, a cada peldaño
de esta escalera estrófica,
le acompaña
una ola de austera ternura.
Para concluir
más vale salir por la puerta a la calle,
leer un libro,
recitar en voz alta
algún poema clásico,
o simplemente
aprestarse a vivir,
porque para eso no hay prórrogas.
pues no lo hago y basta.
Pero, de pronto, una palabra viene revoloteando como
mariposa primaveral y se posa
en mi mano. Acto seguido,
asciende correteando por los dedos hasta
el lápiz y
comienzan los versos
a juntarse
como
hilos que cosieran una humilde tela.
Si se me acaban las ideas,
te imagino en fotos antíguas,
en color sepia o blanco y negro,
y me digo que, una vez más,
te estoy idolatrando y
que no me canso de describir
tu infinita elegancia.
Añado
que este ejercicio de ensoñación,
esta elaboración recurrente,
se parece a un presagio,
y, a cada peldaño
de esta escalera estrófica,
le acompaña
una ola de austera ternura.
Para concluir
más vale salir por la puerta a la calle,
leer un libro,
recitar en voz alta
algún poema clásico,
o simplemente
aprestarse a vivir,
porque para eso no hay prórrogas.
Comentarios
Publicar un comentario