un poema no bastará
Un poema no bastará
para suavizar una pena de amor,
curar la tristeza del alma,
invocar a los batallones de la esperanza,
o resurgir de las cenizas
de un irrevocable incendio,
pero menos es nada.
En la estructura ordenada o desordenada
de versos,
se intuye el propósito,
se edifica el sentido
y el consecuente significado
y las palabras se aprecian como velas
de un barco
que se ajustasen al viento
propicio del primer verano.
En la navegación,
hemos deambulado
por mares pequeños,
canales
de ciudades asediadas
cubiertas por un manto
de tedio y de gris espanto.
Junto al muelle, hemos divagado
por plazas breves
entre edificios y palacios.
Mas no hay rastro de
lo buscado.
Tras las máscaras venecianas,
se encuentran los rostros
desnudos,
que sonríen,
que se encrespan
como olas que rompieran
contra el dique del puerto
por la marea embravecida.
He preguntado por ti,
en aquellos lugares donde solía encontrarte.
Pero ese tiempo desapareció
como un gondolero indocumentado.
Pocas respuestas hay
pero dejaremos que la naturaleza nos guíe.
Ella conoce la ruta. No hay más que abrir la ventana
y dejar a la brisa fluir
con su aroma a sal.
para suavizar una pena de amor,
curar la tristeza del alma,
invocar a los batallones de la esperanza,
o resurgir de las cenizas
de un irrevocable incendio,
pero menos es nada.
En la estructura ordenada o desordenada
de versos,
se intuye el propósito,
se edifica el sentido
y el consecuente significado
y las palabras se aprecian como velas
de un barco
que se ajustasen al viento
propicio del primer verano.
En la navegación,
hemos deambulado
por mares pequeños,
canales
de ciudades asediadas
cubiertas por un manto
de tedio y de gris espanto.
Junto al muelle, hemos divagado
por plazas breves
entre edificios y palacios.
Mas no hay rastro de
lo buscado.
Tras las máscaras venecianas,
se encuentran los rostros
desnudos,
que sonríen,
que se encrespan
como olas que rompieran
contra el dique del puerto
por la marea embravecida.
He preguntado por ti,
en aquellos lugares donde solía encontrarte.
Pero ese tiempo desapareció
como un gondolero indocumentado.
Pocas respuestas hay
pero dejaremos que la naturaleza nos guíe.
Ella conoce la ruta. No hay más que abrir la ventana
y dejar a la brisa fluir
con su aroma a sal.
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