Difame, ergo algo queda...

Difame, ergo algo queda...
Establezca la guerra dialéctica,
programe el bombardeo,
calcule las trayectorias, dispare.

Pero no espere que el "monstruo"
se quede de brazos cruzados, pues
casi atado por cien mil cadenas,
se retuerce sobre
los eslabones y la pesada bola
del cancerbero.
Resurge.

Difame, ergo algo queda...
Pero no espere
un grito, un gesto violento.
Acuda con el mejor de sus argumentos
pues el "monstruo" afinará el suyo,
ya que, después
del aire y del discurso del desierto,
quedará
el testimonio del acto.
Si no va a colaborar,
al menos, que reine el respeto
entre las partes.
Comprendo su escepticismo,
y su alejamiento de la teoría del buen salvaje.
Adiós, maximalismo.

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