Cuando por tí no daban ni un duro


Cuando por tí no daban ni un duro,
Cuando estabas desahuciado ya de por sí,
Cuando tu vida era un agujero oscuro
y no veais salida.
Cuando por tí no daban ni un duro,
Cuando de niño en la escuela golpeado, y malherido en el suelo
todavía te levantabas y te alzabas el cuello de la camisa,
recogías la cartera y te ibas corriendo hasta el autobús,
la tarde era entonces una belleza con Granada
como telón de fondo,
y la vega era un mar verde y diminuto,
cuando San Cristóbal era la crónica gris de un barrio
donde los diarios engrisecían la mañana
y el afecto era escaso
como el pan rancio de varios días.
Te levantabas, y reías de nuevo, sí, reías.
Porque no había acto heroico inconsciente
más grande que levantarse tras cada caída
y restallar como ola contra el acantilado.

Los conflictos no se resolvían hablando como recomiendan los Maestros y Maestras actuales.
Pero no eras una víctima, tampoco un verdugo, eras un pequeño combatiente
e iniciabas tu fase de reconquista, sin ser enemigo de los moriscos ni amigo de los cristianos
ni amante de las batallas
ni de la sangre derramada.

Cuando por tí no daban ni dos telediarios. Murió tu madre. ¡Está acabado! Decían...

Cuando te separaste de tu mujer... Decían... Se agotó su tiempo... No sobrevivirá... Ahí estás

Pero levantaste la cabeza y te erguiste como fiero luchador, ¡una vez más!


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