Querida ausente (CLIV)
Querida ausente:
Es bueno que el gobierno de una ciudad
proponga la libertad como bandera.
Para ello, ha de valerse de algún subterfugio eficaz,
y asímismo reivindicar la igualdad para los hermanos y hermanas
homosexuales.
Madrid ha vivido en una vorágine,
y en una euforia estos días,
instalada en la alegría que supone
un adiós a la represión
y un adiós a la falta de visibilidad
de esta orientación sexual
tan válida como la que propone la santa madre iglesia
de sobra conocida por todos y todas.
Pero aquí no acaba la lucha,
la guerra constante por ser idénticos en derechos
y diversos en identidades,
por una justicia social
que garantice el que todos y todas
tengan las necesidades básicas cubiertas:
Casa, pan y trabajo, amor como idea secundaria.
¿Por qué el amor ha de ser lo postergado?
¿Acaso no debería ser el primer plato
de un suculento menú?
¿Acaso nos sobra
y en este áspero mundo, como diría Ángel González,
somos lo bastante amados
para que no venga esta cuestión regulada por decreto?
Por otro lado,
con la bandera de nuestros hermanos y nuestras hermanas,
se comercia.
El marketing puro representa una falacia
y la fábrica de monedas hace tin-tin
a partir de esta idea.
En la contrapartida:
Hemos hecho de la gran juerga
un canto a la libertad,
pero dudo que ésta signifique
toneladas de basuras junto al Mc Donalds de Gran Vía,
el Despasito bailado en los coros y danzas de la calle de la Montera.
Es bueno que el gobierno de una ciudad
proponga la libertad como bandera.
Para ello, ha de valerse de algún subterfugio eficaz,
y asímismo reivindicar la igualdad para los hermanos y hermanas
homosexuales.
Madrid ha vivido en una vorágine,
y en una euforia estos días,
instalada en la alegría que supone
un adiós a la represión
y un adiós a la falta de visibilidad
de esta orientación sexual
tan válida como la que propone la santa madre iglesia
de sobra conocida por todos y todas.
Pero aquí no acaba la lucha,
la guerra constante por ser idénticos en derechos
y diversos en identidades,
por una justicia social
que garantice el que todos y todas
tengan las necesidades básicas cubiertas:
Casa, pan y trabajo, amor como idea secundaria.
¿Por qué el amor ha de ser lo postergado?
¿Acaso no debería ser el primer plato
de un suculento menú?
¿Acaso nos sobra
y en este áspero mundo, como diría Ángel González,
somos lo bastante amados
para que no venga esta cuestión regulada por decreto?
Por otro lado,
con la bandera de nuestros hermanos y nuestras hermanas,
se comercia.
El marketing puro representa una falacia
y la fábrica de monedas hace tin-tin
a partir de esta idea.
En la contrapartida:
Hemos hecho de la gran juerga
un canto a la libertad,
pero dudo que ésta signifique
toneladas de basuras junto al Mc Donalds de Gran Vía,
el Despasito bailado en los coros y danzas de la calle de la Montera.
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