La enciclopedia y el atlas como juego infantil

Como juego infantil,
mi madre me conducía a la enciclopedia espasa
y allí me mostraba las banderas de los países,
mientras yo las memorizaba.

Cuando venían visitas a casa de la abuela,
ambas presumían de mis progresos
enciclopedia arriba y abajo,
en aquel entretenimiento que como
acto mecánico repetía hasta la saciedad,
en plena efervescencia del conductismo,
obteniendo como premio la alabanza.

Asimismo, me dirigía al atlas y allí pasaba
horas muertas viajando entre mares, montañas, ríos,
penínsulas, nombres de continentes, y capitales de estados.
¡Viajar costaba tan poco y ella se sentía tan feliz de enseñarme!

Pasaron los años y con ella aprendí de la lengua española,
de la literatura, de la historia, algo del arte, algo de la lengua latina y ahora me pregunto
qué forma tenía el disparador de su melancolía,
qué sentimiento de culpa la perseguía al no amarme lo bastante
ya que ella no se amaba demasiado.
Amaba los paseos por la Granada histórica, la visita a las iglesias,
auténticos museos cotidianos, los paseos a la Alhambra, al Realejo y al Albayzin.

Pero pese a todo, le agradezco que invirtiera
su energía negativa en construir algo positivo
para mi futuro.


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