Yo no era un niño valiente

Yo no era un niño valiente,
no era un especimen de macho,
me aterraba la brutalidad de algunos juegos
y el tener que defenderme
ante las agresiones de los compañeritos.
Era un niño algo alto y desgarbado,
con pantalones de pana y chalecos de punto.
No sabía comportarme como el resto de niños,
no quería actuar como ellos.
Tan sólo entendíamos en los recreos un lenguaje común,
el fútbol. El fútbol nos reunía en torno
a un tema común,
y conciliaba todas las emociones infantiles
y las tensiones originadas a lo largo de la jornada.

Tras un gol, una burla era menos
y una patada sabía a caricia
pues no era un puño contra el mentón.

Caminaba a veces con miedo por las calles
y en los autobuses la gente me extrañaba,
yo que vivía en habitaciones altas
y mi pequeño estadio era un cuarto donde se planchaba,
yo que aprendí a andar en bicicleta en una plaza donde había una estatua
de una heroína llamada Mariana Pineda en la que se podía leer un letrero
"víctima de la libertad" .
En la sacrosanta y profana Granada,
los relicarios enmohecieron,
y la Manigua juntaba su geografía
con el centro
en su pasillo cotidiano de San Matías.

Yo no era un niño valiente,
pero la vida
me enseñó a dar pequeños pasos hacia adelante.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Un cuento serbio en verso (la oscura moral del antihéroe)

Construiremos algo nuevo