Querida ausente (CLIII)

Querida ausente :

Como la bella y adorada Helena,
yo te observo recubierta
de ropajes antíguos,
en una habitación
donde sólo se percibe la luz de las farolas
cuando el día fenece,
y la ciudad es una gran fiesta
que siempre queda lejos y a trasmano.

A mí me basta
saberte aquí
en este lugar alejado del ruído,
puerto de mar,
puerta a un paisaje interior
donde el rumbo sólo
fuera marcado por el corazón,
y el viento tarareara una placentera música
que embriagara,
pero que no llegara a hipnotizar
completamente.

Has venido con el vino
que se escancia sobre el vaso,
tras el umbral y te he recibido
con el meditado y cálido abrazo,
¡¡parece como si te hubiera esperado
una eternidad entera!!

Pero sin más neuras,
me sirvo otro vino
y no voy con un reproche a tu lado.

¿Has visto el último hálito de luz
tras los ventanales?

Acompáñame, todo está listo.





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