Querida ausente (CLVII)
Querida ausente:
La jornada ha sido larga.
La tarde de ajedrez ha sido agradable
y me dispongo a sacarle unos cuantos
versos al destiempo
siguiendo el principio del placer
que nos explican en los libros introductorios de psicoanálisis.
Y no hay nada que más que me lo produzca
que ver tu sonrisa radiante y tus ojos que brillan en la tarde.
Sí, parece una obsesión que se repite
pero así estoy cautivo del deseo
que se confunde
con esta sentimentalidad del alma,
un deseo que busca palabras para justificarse
y de la escasa vivencia compartida
intenta construir un monumento
en el desierto similar al que hay en la ciudad de Petra
en Jordania.
Al menos, tenemos ese comienzo:
Un lenguaje que hemos construído juntos,
yo más que tú, quizás,
asuntos de los que hablar,
parece primavera en este verano
que se me hace eterno sin tí.
Colocamos el marcapáginas
en la página 99, por decir un número.
¿Te imaginas?
Te quiero en mi vida, hoy, ayer, mañana y siempre.
Tan sólo estoy tan solo,
pero en esta soledad
sirve para reflexionar, para seguir aprendiendo a amarme,
y para esperarte
con la paciencia del escriba,
en el taller del poeta novel que comienza.
La jornada ha sido larga.
La tarde de ajedrez ha sido agradable
y me dispongo a sacarle unos cuantos
versos al destiempo
siguiendo el principio del placer
que nos explican en los libros introductorios de psicoanálisis.
Y no hay nada que más que me lo produzca
que ver tu sonrisa radiante y tus ojos que brillan en la tarde.
Sí, parece una obsesión que se repite
pero así estoy cautivo del deseo
que se confunde
con esta sentimentalidad del alma,
un deseo que busca palabras para justificarse
y de la escasa vivencia compartida
intenta construir un monumento
en el desierto similar al que hay en la ciudad de Petra
en Jordania.
Al menos, tenemos ese comienzo:
Un lenguaje que hemos construído juntos,
yo más que tú, quizás,
asuntos de los que hablar,
parece primavera en este verano
que se me hace eterno sin tí.
Colocamos el marcapáginas
en la página 99, por decir un número.
¿Te imaginas?
Te quiero en mi vida, hoy, ayer, mañana y siempre.
Tan sólo estoy tan solo,
pero en esta soledad
sirve para reflexionar, para seguir aprendiendo a amarme,
y para esperarte
con la paciencia del escriba,
en el taller del poeta novel que comienza.
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