¿De qué tiene miedo Misha Mikhailov? (y doce)

Mientras Iulia planeaba salir de los círculos insanos de su matrimonio, Dimitri la ayudaba estratégicamente y juntos planeaban un contraataque en el que salvaguardarse de posibles cambios vitales aparte de "garantizar la viabilidad y el crecimiento de los niños y niñas", cuestión que al parecer Svetlana y Misha habían olvidado en su intento de huída hacia adelante, en palabras del principal damnificado... Pero al igual que una herida no se cura al echar sal sobre ella, a Dimitri no pareció bastarle la cantidad de cloruro sódico vertido sobre la hemorragia latente y decidió agregar más.
Hizo una campaña de difamación en los círculos próximos de Kazan sobre la personalidad de "aquel tipejo infumable, vividor, perfil contrastado, de vacías artes clandestinas y de ligereza extrema en el trato, repugnante, mísero, fresco y montones de adjetivos comprensibles de acuerdo al estado de ánimo. "
Por su parte, Svetlana compadecía a Iulia. Sí, la compadecía de veras. Era tal la empatía con su situación, que se sentía muy identificada con algo tan atroz y tan rastrero, un golpe de una bajeza descomunal.
Pero, por otro lado, y hete ahí, la magia de poder estar en varios bandos al mismo tiempo, su mente jugaba con ideas resueltas y quién sabe la vida era muy larga, habría grandes proyectos por llevarse a cabo...
Tempus fugit, carpe diem, rezaba el proverbio latino.
"Ya no hay locos, amigos, ya no hay locos", escribía León Felipe.

¿Era tal vez Misha uno de esos locos idealistas insurgentes contra el totalitarismo del absurdo?


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