Oxígeno
En amaneceres con niebla
en las que la ciudad
parece
invadida
por cantidades
desorbitadas de algodón,
el oxígeno
cumple con su función
y limpia el ambiente,
dejando el rastro en el rocío
de la mañana.
El viandante
entonces camina hacia al trabajo
pensando
en todas las personas
que le importan,
parándose en un banco,
extrayendo de su bolsillo
una hoja de papel
y anotando sus nombres.
Caben en los dedos de dos manos.
Esta luz difuminada
del alba
deja entrever
las zonas industriales
de las afueras.
El tranvía pasa sigiloso.
En la bruma todo es más claro.
La paz que proviene
del acuerdo entre el acto y la palabra,
no tiene precio.
en las que la ciudad
parece
invadida
por cantidades
desorbitadas de algodón,
el oxígeno
cumple con su función
y limpia el ambiente,
dejando el rastro en el rocío
de la mañana.
El viandante
entonces camina hacia al trabajo
pensando
en todas las personas
que le importan,
parándose en un banco,
extrayendo de su bolsillo
una hoja de papel
y anotando sus nombres.
Caben en los dedos de dos manos.
Esta luz difuminada
del alba
deja entrever
las zonas industriales
de las afueras.
El tranvía pasa sigiloso.
En la bruma todo es más claro.
La paz que proviene
del acuerdo entre el acto y la palabra,
no tiene precio.
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