En tu rostro delicado de mujer fuerte

En tu rostro delicado
de mujer fuerte,
se abren dos ventanas
que me cuentan de tu alma,
de algunos de tus laberintos vitales,
de las frases
que siguen a tu renuncia.

Pero sé que la vida nos concede
el testimonio de los cautelosos
y el beneficio necesario de la duda.

Por eso, no abandones, amor,
no abandones,
no te retires a un lado,
recicla lo que debas reciclar
si
eso repara
la sangre que fluye
alegre al visitar
el estruendo, el grito en
en el bosque de la noche
que dispara
la oleada y la pasión
incontenible
de un río cálido
de flores inmarcesibles.

Descansa, mi bien, descansa
y restituye
la amápola roja
sobre el cielo púrpura.

Verás que he encontrado
una manera
diferente a una carta
de hacerte saber
que el afecto y la ternura
que te entrego
no son cosa de un día.




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