24 de diciembre
24 de diciembre en Madrid
Ni un mal bar abierto en el barrio,
las calles del centro desiertas,
sólo quedan los viajeros despistados
y algún turista desorientado.
Todo es silencio.
Será que la intransigente Madrid
no ha comprendido
que esta noche es algo más
que celebrar el misterio
que convoca una religiosidad mayoritaria,
y que los múltiples sentires
de las diversas gentes que pueblan
este arenal insípido
y destartalado
no han sido digeridos
por el estómago colectivo
y por su ideario.
De todas formas,
los gatos siempren encuentran un muro
que saltar,
y tras las umbrales fríos
de tibias escaleras
uno sonríe
como si fuera un recién llegado
al mundo
tras el beso de nácar
y la estrella que fulge
en un cielo oscuro
y macilento.
Ni un mal bar abierto en el barrio,
las calles del centro desiertas,
sólo quedan los viajeros despistados
y algún turista desorientado.
Todo es silencio.
Será que la intransigente Madrid
no ha comprendido
que esta noche es algo más
que celebrar el misterio
que convoca una religiosidad mayoritaria,
y que los múltiples sentires
de las diversas gentes que pueblan
este arenal insípido
y destartalado
no han sido digeridos
por el estómago colectivo
y por su ideario.
De todas formas,
los gatos siempren encuentran un muro
que saltar,
y tras las umbrales fríos
de tibias escaleras
uno sonríe
como si fuera un recién llegado
al mundo
tras el beso de nácar
y la estrella que fulge
en un cielo oscuro
y macilento.
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