Quisiera verte venir

Para verte venir
pasará el tiempo,
las nieves quizás cubran nuestro cabello,
la nostalgia por el tiempo que no fué,
la risa que nos queda
y a la que acudimos
dándole vítores,
en esa fortaleza inexpugnable
que en la tarde
convoca
a todo lo bello de la vida.

Pero hoy quisiera verte venir,
y no hace falta que te vistas ni te arregles
para la ocasión.
Yo tampoco lo haré.

Entonces,
sin dar nada por hecho,
los dos juntos
en un acto que invoque a la sorpresa,
nos fundiremos
en ese abrazo
que convoque
a los aromas de todas las frutas
y la ciudad será testigo,
con sus calles y sus plazas,
de lo que hemos guardado
tras el largo silencio.

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