Pequeña monarquía
No tengo miedo
a perder mi pequeña monarquía.
Tampoco he de sentirme amedrentado
por el silencio de los palacios templados,
el rumor de las fuentes lejanas,
la agonía lenta de los dioses,
la desaparición
del trono
de los reyes efímeros,
el rojo atardecer
en el que cielo
escenifica
su ensangrentado desenlace
culminando el día.
Como un mañana
que no ha llegado,
sobre el horizonte
de una línea delgada,
despliego
el mapa
del castillo
incluído en el reíno
del cual
no reclamo
el derecho a mantener la corona.
a perder mi pequeña monarquía.
Tampoco he de sentirme amedrentado
por el silencio de los palacios templados,
el rumor de las fuentes lejanas,
la agonía lenta de los dioses,
la desaparición
del trono
de los reyes efímeros,
el rojo atardecer
en el que cielo
escenifica
su ensangrentado desenlace
culminando el día.
Como un mañana
que no ha llegado,
sobre el horizonte
de una línea delgada,
despliego
el mapa
del castillo
incluído en el reíno
del cual
no reclamo
el derecho a mantener la corona.
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