Querida ausente (xiv)

Querida ausente:

Hoy me levanté con energía
y quise rendirte cotidiano tributo
invocando a la desobediente poesía.

En mis refugios de invierno,
no se agota el verso
que afronta
este tiempo
de contradicciones,
de puro cambio.
No faltan: el verso que contesta,
el que conociendo a la tristeza,
la acalla y
el que bailando con la melancolía,
le susurra
que nada es eterno,
pues
nada está inmóvil,
todo escapa,
y se necesita aprender
a vivir lentamente.

¿Cómo decirte lo mucho
que me hace falta
tu mirada,
tus ojos contra los míos
en silenciosa sintonía?

¿Cómo hacerte saber
que contigo
el mundo es distinto?
Pues las flores sonríen en los campos,
ya que no se marchitan y
las alamedas
se abren
a tu paso
convocando a los ríos que no suelen morir en el mar,
pues éste los acoge con
su lógica fraterna y amable.





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