Querida ausente (xxxix)
Querida ausente :
Las palabras se las lleva el viento,
pero cuando se trata de tí
se agolpan una tras otra
como si se trataran de un ejército
impaciente que quisiera
entrar en una ciudad
de murallas y certezas,
en cuyo interior
se vislumbra
el palacio de la razón.
Entonces en ese impulso
consciente e inconsciente,
me dejo llevar
por lo irracional,
porque el amor no se puede entender
como un sistema mecánico
de engranajes, utensilios y aparatos.
Nada funciona de manera
exacta,
cuando se trata de amar,
y las palabras se agolpan,
unas tras otra
sin descansar.
Por eso,
¿para qué correr?
Mejor ser como el río
que habla con palabras que
fluyen lentamente
y, en cuyo curso,
llegan hasta el mar
para fundir sus significados dulces
con los salados
en el delta
para acabar.
Las palabras se las lleva el viento,
pero cuando se trata de tí
se agolpan una tras otra
como si se trataran de un ejército
impaciente que quisiera
entrar en una ciudad
de murallas y certezas,
en cuyo interior
se vislumbra
el palacio de la razón.
Entonces en ese impulso
consciente e inconsciente,
me dejo llevar
por lo irracional,
porque el amor no se puede entender
como un sistema mecánico
de engranajes, utensilios y aparatos.
Nada funciona de manera
exacta,
cuando se trata de amar,
y las palabras se agolpan,
unas tras otra
sin descansar.
Por eso,
¿para qué correr?
Mejor ser como el río
que habla con palabras que
fluyen lentamente
y, en cuyo curso,
llegan hasta el mar
para fundir sus significados dulces
con los salados
en el delta
para acabar.
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