querida ausente (xxxii)
Querida ausente:
Hemos asaltado los muros
del palacio de la tarde,
y hemos entrado
gozosos en el liberador presente
tras la glorieta
del jardín
donde la rosa cultiva
sus espinas,
y bebemos del vino
destilado por la vid.
Ya satisfechos y
entregados,
hemos recorrido
el camino de vuelta
hacia las estancias
y una brisa acariciadora
del otoño
nos reserva
la mejor de sus coartadas.
¿Iremos esta noche
al bosque
de asfalto
a perdernos entre sus calles
misteriosas,
a visitar los cafés
donde los charlatanes
vociferan
el discurso
de la desidia,
y del tedio de las horas?
O...
¿Buscaremos
un lugar alejado del ruído,
donde poder mirarnos
de frente y sin ambages
y que en el corazón
sólo quede
una espina
que tu dulce mano
arranque
con su terciopelo
suave?
Hemos asaltado los muros
del palacio de la tarde,
y hemos entrado
gozosos en el liberador presente
tras la glorieta
del jardín
donde la rosa cultiva
sus espinas,
y bebemos del vino
destilado por la vid.
Ya satisfechos y
entregados,
hemos recorrido
el camino de vuelta
hacia las estancias
y una brisa acariciadora
del otoño
nos reserva
la mejor de sus coartadas.
¿Iremos esta noche
al bosque
de asfalto
a perdernos entre sus calles
misteriosas,
a visitar los cafés
donde los charlatanes
vociferan
el discurso
de la desidia,
y del tedio de las horas?
O...
¿Buscaremos
un lugar alejado del ruído,
donde poder mirarnos
de frente y sin ambages
y que en el corazón
sólo quede
una espina
que tu dulce mano
arranque
con su terciopelo
suave?
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