Paco era un oficinista aplicado

Les chants des sirènes ne sont pas entendues.

Paco era un oficinista aplicado,
hombre de costumbres,
practicante de la religión apostólica romana,
eterno estudiante de psicología por la universidad
a distancia,
rigor y trato adecuados,
rondaba la cincuentena.
Cada mañana
venía con su rostro gris,
con su paraguas oscuro,
su manojo de dudas,
de verdades irresueltas,
dejaba su abrigo en el perchero,
estiraba los brazos
y se sentaba
a ver pasar las horas
tras su máquina de escribir
junto a la ventana
que ofrecía la imagen
de una ciudad desvencijada,
y de un pequeño parque
en el interior de un edificio.

Paco escuchaba los cantos de las sirenas,
porque no podía evitar
su dulce voz,
y se quedaba extasiado y absorto
ante el paso de un aeroplano,
o la negritud de una nube,
que le hacían tener tristes presagios.

Sacado de un fotograma de una película de Visconti,
hacía su contribución a la causa fílmica
con su rostro perturbado
frente a la simple inquietud,
o el tierno miedo que sus ojos proferían
ante una situación imprevista.

Paco era especialmente querido por Gertrud,
una técnico de su planta,
que era actriz de profesión
y que había sido miembro de la sección femenina y
directora de los coros y danzas de su pueblo.
El amor de Gertrud era carnavalesco,
porque, en el fondo, Gertrud no amaba a los hombres .
A Gertrud, sus allegados, ajenos a la esfera laboral,
le conocían algunos amores, todos femeninos.
Pero ella representaba el papel ante la sociedad
puritana y tradicional,
y sabía moverse por los salones del palacio,
semidesnuda su conciencia.

Paco murió una mañana
cuando se dejó caer del Puente de Segovia.
Su rastro fue rápidamente investigado
por la policía.
Dejaba un hijo de 12 años.
En su lápida, su vida se resumía
en un epitafio:
"Fuíste breve, como la estación de la lluvia."

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