Querida ausente (xxvi)
Querida ausente:
Si alguna vez,
me ves huraño y de mal genio,
verás que no es por tí.
Pues con solo verte,
cambia el color de la jornada.
Si alguna vez
ves que mis ojos se impacientan,
que buscan los tuyos,
verás que es por tí,
pero entonces
será mejor
quedarme a un lado
observándote
bella, distante y
esquiva.
dejando enfriar el fuego
que surge
de un volcán insatisfecho.
Pero si, un día,
nuestras almas y
nuestros cuerpos
se acercan
en apacible
armonía,
no pulsemos el freno
del tiempo venidero
y
convoquemos a la alegría,
a las danzas de la primavera,
que permanecen
ajenas a la estación del año.
Si alguna vez,
me ves huraño y de mal genio,
verás que no es por tí.
Pues con solo verte,
cambia el color de la jornada.
Si alguna vez
ves que mis ojos se impacientan,
que buscan los tuyos,
verás que es por tí,
pero entonces
será mejor
quedarme a un lado
observándote
bella, distante y
esquiva.
dejando enfriar el fuego
que surge
de un volcán insatisfecho.
Pero si, un día,
nuestras almas y
nuestros cuerpos
se acercan
en apacible
armonía,
no pulsemos el freno
del tiempo venidero
y
convoquemos a la alegría,
a las danzas de la primavera,
que permanecen
ajenas a la estación del año.
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