Si no tuviéramos enemigos

"Me moriría de vergüenza si no tuviera enemigos", E. Galeano.

Si no tuviéramos enemigos,
la vida sería más fácil, sin duda,
pero menos interesante
y menos divertida.

Es curioso plantearse
la génesis de una posición clara
como ésta.

En la mayoría de los casos,
no se construye la figura del antagonista.
Son nuestros actos,
nuestra personalidad
la que genera la simpatía,
la antipatía, el odio, hasta el rencor
instalados como buenas
costumbres mundanas.

En la minoría de los casos,
como si se tratase de una pieza de artesanía,
una joya clásica,
una pieza del arte desconocida,
se fabrican en talleres cotidianos.

Y como si se fuera una marioneta,
lo vestimos, lo desnudamos,
tiramos de sus hilos
y justifica parte
de las proposiciones que
forman parte de nuestros credos,
de nuestros no-credos.

Nos proporcionan aprendizajes
para crecer y madurar,
son el contrapunto
de la melodía primera,
la sombra frente a la luz,
el gris del asfalto
que reprueba al viandante.

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