Querida ausente (xi)

Querida ausente:


Hoy es domingo,
un apacible día soleado
de principios de septiembre
y creo que sólo necesito
estar conmigo mismo
para sentirme completo.


Sin embargo,
qué hermoso sería
verte llegar
sin prisa
y sin mirar el reloj,
abriendo la puerta al dulce tiempo
que juntos nos espera,
diáfano y cristalino,
como el agua de un río.


Pero hemos de ser pacientes,
ya que el objetivo
vital no debe ser sólo ese,
sino el de resistir
los embites
del paso del tiempo,
siendo justos
y manteniendo una mirada benévola.


Si a estas alturas del partido,
no conoces
de mi amor por tí,
será porque quizás
lo pospones
y lo guardas en un estante
de algún alto armario,
o porque lo condenaste
a las nieves del olvido,
en pos de la conveniencia
pero kein problem
porque aunque tú no lo sepas(*)
te he inventado hasta la saciedad,
he creado contigo
un universo autosuficiente.


(*) Luis García Montero, Aunque tú no lo sepas.





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