Querida ausente (xxii)
Querida ausente:
Intentaron invadir el metafórico Leningrado
pero apenas nada consiguieron,
y a pesar de que
dictaron el estado de sitio,
nuestra ciudad resistió.
Tras la ventana
se ve la tarde
cálida
y salgo a la calle
recorriendo las aceras
escuchando la melodía
de una música melancólica
y resplandeciente.
¡Cómo desearía
que me acompañaras
por las calles de esta Venecia del Norte!
Pasearemos junto al río Neva,
por la avenida Nevski de la que escribió Gogol,
visitaremos la fortaleza de san pedro y san pablo,
y el museo Ruso.
También los antiguos palacios
olvidados
de príncipes y princesas
de novela de Tolstoi,
de cuento recogido por Afanasiev,
donde el zar, la zarina, el zarévich, la zarevna
vivían en su mundo de esplendor,
como si fuera una casa de juguete,
de un mercadillo en invierno.
Dorogaia,
ya salgo para Moscú.
El otoño es frío aquí
pero el té calienta el alma.
Do svidanya, Lyubova
Intentaron invadir el metafórico Leningrado
pero apenas nada consiguieron,
y a pesar de que
dictaron el estado de sitio,
nuestra ciudad resistió.
Tras la ventana
se ve la tarde
cálida
y salgo a la calle
recorriendo las aceras
escuchando la melodía
de una música melancólica
y resplandeciente.
¡Cómo desearía
que me acompañaras
por las calles de esta Venecia del Norte!
Pasearemos junto al río Neva,
por la avenida Nevski de la que escribió Gogol,
visitaremos la fortaleza de san pedro y san pablo,
y el museo Ruso.
También los antiguos palacios
olvidados
de príncipes y princesas
de novela de Tolstoi,
de cuento recogido por Afanasiev,
donde el zar, la zarina, el zarévich, la zarevna
vivían en su mundo de esplendor,
como si fuera una casa de juguete,
de un mercadillo en invierno.
Dorogaia,
ya salgo para Moscú.
El otoño es frío aquí
pero el té calienta el alma.
Do svidanya, Lyubova
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