Querida ausente (xvi)
Querida ausente:
Te escribo desde el exilio forzoso
al que invoca la luz, antes del alba.
Por calles estrechas,
en las que se percibe
el asfalto en toda su dimensión,
he subido la escalera
que antecede
al comienzo del nuevo día.
En este lugar,
me faltas tú.
No desaparezcas allá lejos, por favor.
No te borres allá lejos, por favor.
Porque aunque desaparezcas,
aunque te borres,
estás presente en mí,
como idea, como acto, que no perece.
Aguantaré el embite del tiempo.
Aguantaremos aunque desde las torres
que custodian la ciudad donde habitas,
el centinela vocee palabras de alarma.
Seremos
pero, mientras tanto,
seamos
esperanza que se renueva
a cada instante,
viento alegre que no se extingue,
tierra sobre la que se asienta
el robusto árbol de la vida compartida.
Te escribo desde el exilio forzoso
al que invoca la luz, antes del alba.
Por calles estrechas,
en las que se percibe
el asfalto en toda su dimensión,
he subido la escalera
que antecede
al comienzo del nuevo día.
En este lugar,
me faltas tú.
No desaparezcas allá lejos, por favor.
No te borres allá lejos, por favor.
Porque aunque desaparezcas,
aunque te borres,
estás presente en mí,
como idea, como acto, que no perece.
Aguantaré el embite del tiempo.
Aguantaremos aunque desde las torres
que custodian la ciudad donde habitas,
el centinela vocee palabras de alarma.
Seremos
pero, mientras tanto,
seamos
esperanza que se renueva
a cada instante,
viento alegre que no se extingue,
tierra sobre la que se asienta
el robusto árbol de la vida compartida.
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