El discurso del amor

Cuando el discurso del amor
se estanca,
amarillea como una fotografía antígua,
entonces pide una renovación,
el aire nuevo que entra por la mañana
por el ventanal.


Entonces uno se plantea si
todo el entramado del amor
es sólo eso
y uno mira
sus herramientas gastadas,
revisa
con perspectiva
el camino andado
y se dice que merece la pena
continuar lo comenzado.


Pero no se trata
de un decálogo de principios,
ni siquiera de una retórica
escogida al uso.


Es más que eso.


Debe fluir,
debe ser correspondido,
no es trágico ni cruel
ni condena.


Nos libera y purifica,
nos hace mejores
y más grandes.

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