Querida ausente (xxiii)
Querida ausente:
Los placeres inmediatos
se olvidan
pronto.
Sin embargo,
el dolor tardío
no remite.
Saldremos del agujero,
lleno de ortigas
y zarzas,
a la luz de la tarde
y nada ni nadie nos detendrá,
ni siquiera el viento del primer otoño.
La expectativa
entonces no será muy alta,
y bastará
con componer
dulces versos
sobre la cruda realidad
con aderezos
de pura ficción.
Tal vez
vengas
cuando la película se acabe
y los títulos de crédito
salgan en la pantalla,
momento en que la gente
agarra sus abrigos
y salen
a la calle
a perderse
como sonámbulos
en la oscuridad.
Tal vez
vengas
y entonces
permanecerán vigentes
todos los poemas de amor
y serán tuyas
todas estas palabras.
Los placeres inmediatos
se olvidan
pronto.
Sin embargo,
el dolor tardío
no remite.
Saldremos del agujero,
lleno de ortigas
y zarzas,
a la luz de la tarde
y nada ni nadie nos detendrá,
ni siquiera el viento del primer otoño.
La expectativa
entonces no será muy alta,
y bastará
con componer
dulces versos
sobre la cruda realidad
con aderezos
de pura ficción.
Tal vez
vengas
cuando la película se acabe
y los títulos de crédito
salgan en la pantalla,
momento en que la gente
agarra sus abrigos
y salen
a la calle
a perderse
como sonámbulos
en la oscuridad.
Tal vez
vengas
y entonces
permanecerán vigentes
todos los poemas de amor
y serán tuyas
todas estas palabras.
Comentarios
Publicar un comentario