Querida ausente (xxi)

Querida ausente:

En la oficina se hace de noche
y tras los cristales
la luz naranja
de las farolas
me recuerda
a los caramelos
que comía de niño.

En esta soledad acostumbrada
que no hiere,
reina la paz
y camina
despacio alguna nostalgia,
algún alejamiento.

Me vienen preguntas
como si sabré de tí algún día,
de qué humor estarás,

o qué forma tendrán las nubes
mañana.

Mientras tanto,
sigo mi camino
y me alejo del überdenken
pues ahora no se puede hacer nada
sobre los asuntos que tratamos.

Llegaré a casa.
Terminará el día y descansaré
hasta el alba
donde me encontraré
con mi presencia,
mi querida presencia
acostumbrada.




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