Hay asuntos que atender

El tiempo que nos envuelve
es mejor si lo abrigamos con afecto y ternura. 
Hay asuntos que atender a diario,
pero en lo que respecta 
a la esfera personal,
el amor no debe ser un 
incómodo invitado. 
Hay un buenos días que le reservamos 
a alguien querido, 
como a un hijo que se acaba 
de despertar, 
o como a la mujer o al hombre que comparte nuestra vida,
de una forma más cierta 
o una más imprecisa. 
Cuando salimos por la cancela 
de nuestro pequeño paraíso
y afrontamos el mundo
con un gesto sereno,
decimos buenos días 
pero este saludo oficial
no tiene la misma carga de afecto y ternura,
y por tanto
es sólo un comunicado 
al mundo que nos rodea. 
Aprendemos de lo privado y de lo público,
y dejamos a un lado la confusión de otros tiempos,
donde el alma se alteraba, se desordenaba,
porque de alguna forma
buscaba la consecución de los placeres lisonjeros,
(¿quién iba a decir
que de la simple atracción
vendría el amor
y tras el laberinto
con forma de jardín
nos esperaría la daga?)  
y la mente 
necesitaba perderse
para intentar una lenta vuelta al equilibrio.



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