Querida ausente (xvii)

Querida ausente:

Aunque las palabras se agoten,
o la luz se apague en el atardecer,
hay un brillo que
camina sigiloso en la oscuridad,
y que se hace
resistente.

Puede que ser que
el discurso de siempre
llegue a cansarnos
con su retórica gastada,
pero
la palabra se renueva
y renace,
tras el umbral
del presente.

No está todo dicho
porque si lo estuviera,
de poco o nada nos valdría
este poema.

La ciudad
es un conjunto
de avenidas y calles
iluminadas
y tú no estás.

Por eso,
te escribo al final de la jornada
como una costumbre
que se viste de sorpresa,
para contarte todo lo que eres para mí.

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