Querida ausente (xxix)
Querida ausente:
El paraíso inventado,
está lejos
pero hay uno
que vive
en el corazón
y que se renueva
a diario,
fulgiendo
como llama
incipiente,
como la luz
de una lámpara
incandescente.
Hay veces
en las que
el ruído no nos deja oir bien
lo que nos sucede.
Entonces nos apartamos del mundo,
y, distantes de
la ciudad y sus pormenores,
nos reconciliamos
con nosotros mismos.
El universo que surge,
es consecuente.
Destello,
rúbrica,
desierto,
y río silente.
Recuperados,
nos miramos
en el momento
en el que nos encontramos,
por casualidad
y de repente.
El paraíso inventado,
está lejos
pero hay uno
que vive
en el corazón
y que se renueva
a diario,
fulgiendo
como llama
incipiente,
como la luz
de una lámpara
incandescente.
Hay veces
en las que
el ruído no nos deja oir bien
lo que nos sucede.
Entonces nos apartamos del mundo,
y, distantes de
la ciudad y sus pormenores,
nos reconciliamos
con nosotros mismos.
El universo que surge,
es consecuente.
Destello,
rúbrica,
desierto,
y río silente.
Recuperados,
nos miramos
en el momento
en el que nos encontramos,
por casualidad
y de repente.
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