Querida ausente (x)

Querida ausente:

Sinceramente.
No sólo nos separó el vil dinero.
También fueron las dudas,
las inconsistencias
propias,
los hijos propios y ajenos,
las ganas.

Pero no nos quedemos
en la anécdota.

¿Vendrás cuando la ocasión
sea propicia?

La vida nos dirá.
Me da que no será sencillo.

Lo que sé
es que cuando
pronuncio estas palabras
me viene al paladar
un regusto
a vino
amargo.

Mientras tanto,
me dedicaré a cultivar
mi parcela,
a ver cómo crecen
los árboles
jóvenes.

¿En qué rincón de la tarde
quedó la promesa de tus ojos?

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