Compañero de paraguas

Llueve en la ciudad
y llueve dentro
de las murallas del alma.

Dejo los niños en la escuela
y saliendo a la calle,

un hombre amable
me ofrece su paraguas
y ambos
como rectas que se intersecan
en un punto
por pura casualidad,

cruzamos la calle,
y cruzamos unas palabras,

cambiamos
impresiones
y, a pesar del agua,
la esperanza resiste
y sigue a prueba de naufragios.

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