Querida ausente (LXXXVI)

Querida ausente:

Sobre el tapiz del tiempo
que atañe
se puede dibujar una línea
que separa el tiempo
antes y después de conocerte.

Antes de conocerte,
el mundo era bello,
albergaba cotidianas alegrías,
pero había algo que no encajaba
en el puzzle de la existencia,
algo que no era demasiado coherente
y carente de sentido.
Ese algo que estaba en mi interior.

Antes de conocerte,
quizás tú también
tenías esa impresión
de que la vida era hermosa a ratos.

Después de conocerte,
los engranajes del corazón
empezaron a rugir
como nunca,
y entonces me ví envuelto
en una marejada de amor,
difícil de evitar
al frente del timón de mi pequeño barco.

Tras el naufragio arribamos
a la isla del recuerdo
y todo empezó a cobrar significado,
retrocedí al puerto de la infancia.
De él se extrajeron
grandes enseñanzas.

Entonces
de la dulce memoria,
se construyó una senda hacia el futuro,
superando los naufragios,
a pesar del oleaje.

Ahora mi barco
te busca sin buscarte
en mares poblados
de otros barcos,
y navega con la ilusión
de divisarte.

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