Querida ausente (LXVIII)
Pace non trovo, e non ho da far guerra;
E temo e spero, ed ardo e son un ghiaccio;
E volo sopra ´l cielo e giaccio in terra;
E nullo stringo, e tutto il mondo abbraccio;
E temo e spero, ed ardo e son un ghiaccio;
E volo sopra ´l cielo e giaccio in terra;
E nullo stringo, e tutto il mondo abbraccio;
Tal m´ha in prigion, che non m´apre, ne serra;
Ne per suo mi riten, ne scoglie il laccio;
E non m´ancide Amor, e non mi sferra;
Ne mi vuol vivo, ne mi trae d´impaccio.
Ne per suo mi riten, ne scoglie il laccio;
E non m´ancide Amor, e non mi sferra;
Ne mi vuol vivo, ne mi trae d´impaccio.
Veggio senz´occhi, e non ho lingue e grido;
E bramo di perir, e cheggio aita;
Ed ho in odio me stesso, ed amo altrui;
E bramo di perir, e cheggio aita;
Ed ho in odio me stesso, ed amo altrui;
Pascomi di dolor, piangendo rido;
Equalmente mi spiace morte e vita,
In questo stato son, Donna, per vui.
Equalmente mi spiace morte e vita,
In questo stato son, Donna, per vui.
Soneto a Laura. Soneto 104, Francesco Petrarca.
Querida ausente:
¿Quién te retiene?
Eres libre para volar donde desees.
Y no lo digo yo.
Lo dice la naturaleza que nos ha hecho.
Lo dice el aleteo
de una mariposa
que deja la rama del cerezo
y afronta el cielo contaminado
y cercano,
de la ciudad.
Mi poema es una forma de aprenderte,
de saberte,
adorarte en la distancia,
y se desarrolla
como si fuese una entrega
de un fragmento de novela,
por terminar.
Es un camino comenzado,
y que ha de ser seguido hasta la última consecuencia,
con permiso.
Como Francesco cuando le escribe a Laura
en su soneto,
observo el hilo de las horas que destilan
los sabores y sinsabores de la época,
en la que habitamos,
donde pasamos del fuego al hielo
como en un cambio teatral,
de escenario.
Experimento ese apego
al que el amor convoca:
Idea reticente,
pulso que irrumpe en el corazón,
frecuente,
destino inventado,
paraíso acostumbrado,
donde las nubes
cantan el himno de la lluvia,
y donde el sol
aparece
para
revisar la última nota musical descompuesta.
Cuando niño jugaba en casa de mi madrina
a dar conciertos de piano,
y mi madre se cansaba de escucharme
después de la segunda sonata...
Entonces me decía desde el salón recibidor
que parara.
No es un concierto.
No inventé esta música.
Me muevo al ritmo
del viento que agita las ramas de los álamos
cerca de un río,
que podría ser cualquiera,
junto al lugar
donde crecen las llamas
de un incendio no contestado.
¿Resistirá la ciudad en ruínas
hasta tu llegada?
La reconstruiremos para que sea un lugar amable,
y podamos caminar
por sus calles,
beber de sus fuentes,
observar los campos de vides a las afueras.
Comentarios
Publicar un comentario