Querida ausente (LXXIX)

Querida ausente:


Nosotros no debemos mirar hacia atrás
porque el pasado
es un capítulo que debe ser cerrado
y del que rescatar
los mejores pasajes
que nos catapulten
hacia adelante.


Después de la lluvia,
siempre sale el sol.


Aunque
los bancos de los parques
nos recuerden,
y sobre ellos caiga
la implacable lluvia
de un sábado gris,
donde las nubes
juntan sus pesquisas
al cruzar una avenida,
te seguiré pensando
en la mejor de tus versiones.


Mientras caminaba


ví a tu suegra,
al otro lado de la calle,
y la saludé con la mano,


componiendo la sonrisa forzada
de las mejores fotografías.


Y no fue del todo un gesto hipócrita.
Porque, a pesar de los pesares,
creo que hay personas
que siguen mereciendo
ser saludadas
y con las que,
además de tener diferencias conceptuales,
hemos podido hablar
tranquilamente
en alguna ocasión.


Pasé junto a una frutería
y ví a un señor que se parecía
a tu marido,
abriendo una bolsa
y metiendo algunas piezas.
Mientras las recogía,
miraba de refilón
a los lados,
como un ladrón que robara
un cuadro en el museo del Louvre.


Pero esta simple proyección
de la mente,
es un ejercicio de traslación
entre realidad y ficción
fácilmente detectable.


Fui al mercado.
Llegué a casa, bebí mi té.
Abrí un libro, comencé a leer.
Esta tarde
voy a una exposición
sobre impresionistas y modernos.
Quizás te encuentre en algún dibujo,
o mejor todavía,
aparecerás por sorpresa,
salida de la nada,
sin llamarte,
sin pedírtelo.



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