Querida ausente (LXXXVII)
Querida ausente:
Es inútil luchar contra lo inevitable.
Por eso,
me enfocaré en aquellos asuntos
que sí tienen solución
y sobre los que se puede
arreglar algo todavía.
En la pared, el reloj
marca con un tic-tac
sonoro
el tiempo que se sucede
como un hilo fino
atraviesa
la tela
de lo inmediato.
En tu coordenada distante,
te hallas.
Y sigues afrontando la vida
con la mejor de tus sonrisas,
dulce luz
que alumbra
los días grises
con nubes y penumbra,
que se proyecta,
sin ambigüedad,
como vector de futuro.
Gracias tu brillo, Stella.
Es inútil luchar contra lo inevitable.
Por eso,
me enfocaré en aquellos asuntos
que sí tienen solución
y sobre los que se puede
arreglar algo todavía.
En la pared, el reloj
marca con un tic-tac
sonoro
el tiempo que se sucede
como un hilo fino
atraviesa
la tela
de lo inmediato.
En tu coordenada distante,
te hallas.
Y sigues afrontando la vida
con la mejor de tus sonrisas,
dulce luz
que alumbra
los días grises
con nubes y penumbra,
que se proyecta,
sin ambigüedad,
como vector de futuro.
Gracias tu brillo, Stella.
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