Querida ausente (LXXI)
Querida ausente:
Cada día
hay una lucha
que librar
por la supervivencia,
por el cuidado de los hijos,
por obtener el sustento
que nos permita
afrontar el presente,
de la mejor manera.
Cada día,
el alma nos pide
que la llenemos
con poesía, con música,
con paz y con calma,
para continuar la senda.
Cada día,
vienes a mi mente
con una fuerza inusitada,
y entonces
el mundo
se hace un poco mejor
tras un paisaje
agreste
o una farola mal iluminada.
Me hace bien pensar
en ti,
en todo lo que significas,
en todo lo que todavía no significas,
pero que está implícito
en tu ser.
Cada día,
guardo unos instantes
para celebrar
la melodía de una lira
anacrónica
y escribirte unos versos,
sin más pretensión,
que honrarte en tu ausencia.
Cada día
hay una lucha
que librar
por la supervivencia,
por el cuidado de los hijos,
por obtener el sustento
que nos permita
afrontar el presente,
de la mejor manera.
Cada día,
el alma nos pide
que la llenemos
con poesía, con música,
con paz y con calma,
para continuar la senda.
Cada día,
vienes a mi mente
con una fuerza inusitada,
y entonces
el mundo
se hace un poco mejor
tras un paisaje
agreste
o una farola mal iluminada.
Me hace bien pensar
en ti,
en todo lo que significas,
en todo lo que todavía no significas,
pero que está implícito
en tu ser.
Cada día,
guardo unos instantes
para celebrar
la melodía de una lira
anacrónica
y escribirte unos versos,
sin más pretensión,
que honrarte en tu ausencia.
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