la lógica de la lentitud

"Piano, piano, si arriva lontano", refrán italiano
o "Chi va piano, va sano e va lontano."

¿Para qué ir deprisa? 

Si nadie nos espera, al otro lado,
salvo uno mismo.

Tras el túnel,

los resquicios de

ese "gran proyecto" que empezamos, 
que a nadie parece que ya interesa. 

Faltan las ganas, pero queda la siembra. 

Sin preocuparnos,
sin sentirnos peores ni mejores que nadie,
volvemos a nuestros orígenes,
a nuestras geografías personales,
a nuestra patria lejana
y venida a menos,
para volver a erguirnos 
dignos y silenciosos, 
resistiendo. 

¿Para qué ir deprisa? 

Sí. Debemos amarnos y amar
sin cuartel, lentamente, 
pero mirando a quién. 

Porque la realidad nos muestra 
que no podemos querer a todos los seres humanos. 

En ese caso, el respeto parece ser la moneda 
de cambio indispensable;
el diálogo,
es algo más que una extensión de uno mismo
y sirve para que nos entendamos.

Frente a los reyes y reinas que se enrocan
en posturas inflexibles,
dejaremos que el silencio actúe
de embajador constante. 

¿Para qué ir deprisa? 

Inventaremos un camino,
que no dañe a nadie,
aunque me da 
que esta es otra de una lista 
de innumerables quimeras,
y seremos otra vez, tormenta. 












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