Querida ausente (LXXXIV)

Querida ausente:

Hoy comienza el día
con el recuerdo de mi madre,
de la que era su cumpleaños.

Alguien muy especial,
que cuando reía contagiaba
el buen humor a los que la escuchaban
y que fué mi maestra de vida,
de cuentos, de paisajes.

Juntos caminábamos
por las calles de la Granada de mi infancia,
viendo la ciudad
abajo como si fuésemos pájaros,
y en las tardes de otoño
me hacía notar la gama de los colores
de los que estaba compuesto el cielo.

Se inventaba historias,
como la del caballo Lucero,
que viajaba por mundos fantásticos
cada noche a lugares distintos.

Me enseñó a asumir
que la vida es como es,
y a sacar lo positivo
de cada momento.

Aprendí junto a ella a cocinar
algunos platos,
en su cocina infinita,
experimental.

Ella ahora está ausente,
porque la vida así lo decidió.

Pero su ausencia es diferente de la tuya.

Ella se fué y no puede regresar.

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