Querida ausente (XL)

(...) E il naufragar m'è dolce in questo mare.
G. Leopardi, L'infinito


Querida ausente:


El ciego no es aquél
que no quiere ver,
sino el que a pesar de
tener la realidad frente a él,
rechaza toda evidencia.


El amor nos ciega,
nubla la visión,
congela cualquier intento de huída,
aunque la catástrofe esté cerca.


También nos empuja hacia adelante.
Hace que nos llenemos de fuerzas
insospechadas,
que nos elevan por sorpresa.


A mitad de camino,
creeremos
en la primavera que surge
en este otoño
y las razones confesas
que habitan
en la soledad de los jardines,
en la salvaje enredadera
que trepa por las columnas
que rodean
la glorieta
y que sirve a los amantes
de frontera silenciosa
junto al banco
donde se posan
para vivir su alegría
sin barreras.


Seremos naúfragos
de un dulce mar,
donde los barcos ciegos
leen la consigna no escrita,
y arriban
a puertos ignotos,
antes de hundirse
por siempre
en la profundidad de las frágiles aguas.





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