La abogada López (y 2)

La abogada López
tenía como compañero de oficina
al abogado Martínez.

Martínez era un tipo que rondaba
la cincuentena,
con voz de locutor radiofónico,
un sentido del humor
socarrón
típico de Cantabria,
capaz
de blandir
su lanza
contra cualquier caballero,
y una afición
a la pintura que rozaba
lo desmedido y lo elogioso.

Juntos compartían
opiniones varias,
dimes y diretes cotidianos,
sobre la gente del barrio.

Preparaban la defensa
o la acusación conjunta
contra un grupo de presión,
contra un comando de influencia.

Juntos reían.
Juntos se burlaban
pero ninguna
burla duró una eternidad.

Me reía con ellos y de mí mismo.

Ningún canalla se convirtió
en caballero virtuoso,
no estando yo
ni siquiera cerca
de la virtud.



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