Querida ausente (LVIX)
Querida ausente:
Las hojas del cerezo
caen del árbol
al suelo
y su manto rojizo
cubre la tierra mojada
por la lluvia.
El otoño viene
con toda su esencia.
Las castañas salen
de su cáscara
y yacen en el suelo
casi equidistantes.
Un caracol pequeño
camina
despacio
por la calle.
La suciedad de los parques
nos muestra
la escasa educación
de las gentes.
En esta estación
introspectiva,
uno se refugia
en el hogar
como último cuartel;
cada cual
es su hogar,
cada cual es su último cuartel.
Las farolas
se encienden antes
y los días se acortan.
En este poema,
número cincuenta y nueve,
envuelto en un nuevo atardecer,
te recuerdo.
Cuando te conocí,
todo vino deprisa,
y no fue un sueño de verano,
recreado.
Ayer,
fuiste
alegría,
locura,
sed de amor,
lamento,
tristeza,
distancia,
amarga realidad.
Hoy,
eres dulce presagio,
tierna esperanza,
y lento guiso de tiempo.
Mañana,
¿qué importa
lo que serás
si siempre estarás
presente?
Las hojas del cerezo
caen del árbol
al suelo
y su manto rojizo
cubre la tierra mojada
por la lluvia.
El otoño viene
con toda su esencia.
Las castañas salen
de su cáscara
y yacen en el suelo
casi equidistantes.
Un caracol pequeño
camina
despacio
por la calle.
La suciedad de los parques
nos muestra
la escasa educación
de las gentes.
En esta estación
introspectiva,
uno se refugia
en el hogar
como último cuartel;
cada cual
es su hogar,
cada cual es su último cuartel.
Las farolas
se encienden antes
y los días se acortan.
En este poema,
número cincuenta y nueve,
envuelto en un nuevo atardecer,
te recuerdo.
Cuando te conocí,
todo vino deprisa,
y no fue un sueño de verano,
recreado.
Ayer,
fuiste
alegría,
locura,
sed de amor,
lamento,
tristeza,
distancia,
amarga realidad.
Hoy,
eres dulce presagio,
tierna esperanza,
y lento guiso de tiempo.
Mañana,
¿qué importa
lo que serás
si siempre estarás
presente?
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