Querida ausente (xlvii)
Hoy son las manos la memoria.
El alma no se acuerda, está dolida
de tanto recordar. Pero en las manos
queda el recuerdo de lo que han tenido.
(...)
Pedro Salinas
Querida ausente:
Se cumplió el dulce pronóstico
y hoy tampoco dejé de pensarte.
Hoy me distancié
de todas las malas energías
que vinieron de descifrar
movimientos anteriores
tras tu partida.
Entender
esa distancia tuya.
Ignorar
esas coartadas,
esas excusas
que me causaron
un enfado y una rabia incontenibles
unido al viento
posterior
de las bandadas de pájaros
que alzan su vuelo,
en pleno bosque.
En los interrogatorios,
hubo que ser justos
y declaré toda mi verdad,
le puse letra a la música
ya sabida.
Y tú contaste la versión edulcorada
de los acontecimientos,
para salvarte
y ¿salvarnos?
Poniendo agua
sobre la tierra incendiada.
¿Cómo esperabas
que acatara
todas las premisas de tu partida?
¿Cómo esperabas
que calladamente
hiciera
todo lo que tu hoja de ruta dictaba?
¿De qué te servía?
Tenerlo todo era posible,
garantizar el futuro,
¿quién hacerlo podía?
Ya ves
que en cuestiones de amor
como en la vida
soy espíritu insurrecto.
El adjetivo sostenible
lo inventaron
los políticos correctos
para limpiar su conciencia,
Mirar el pasado oscuro
con lupa
sirvió para entenderlo.
Pero ahora debemos
poner nuestra vista al frente,
abrazar el viento
de cualquier esperanza,
entender
que pudieron ser peores
las consecuencias
de la contienda,
y seguir escribiéndole
versos a tu ausencia,
aunque
sólo están ausentes
aquéllos que se olvidan.
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