Querida ausente (LXIII)

Querida ausente:


Hoy te me apareciste en sueños.


Sí, y tus ojos brillaban
y, al sonreir,
una luna casi completa
resplandecía
e iluminaba
toda la habitación
donde estábamos.


Hablabas
y tu voz dulce
lo inundaba todo.


De pronto,
me desperté
con una sensación placentera
de haberte
visto
gracias
a un reflejo de la memoria,
a una urdimbre del subconsciente.


Así te veo,
mágica y pura,
elevada a los altares de la noche,
y yo alejado
te rezo
con una oración pagana.


Te veré en sueños
y en la realidad,
que para entonces
parecerá sacada
de otra de mis ensoñaciones.


Atrévamonos a creer
en estos sueños
y en la belleza y en la sabiduría
que me traes.





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